lunes, abril 04, 2011

No te salves



No te duermas sin sueño
No te pienses sin sangre
No te juzgues sin tiempo


A continuación mi interpretación libre (forma elegante de decir: no fundamentada) del pequeño fragmento de No te salves escrito por Benedetti y rescatado por Eliseo Subiela en El Lado Oscuro del Corazón. Sorprende como con tan sólo 15 palabras se logra decir tanto.


No te duermas sin sueño

Dormirse sin sueño, es dormir sin esperanza, sin una razón por la que despertar.
Los humanos somos un proyecto, somos un hoy eyectado hacia un mañana. En el momento que perdemos la imagen de nosotros mismos en un futuro, el presente pierde color.


La modernidad definió la ontología de las cosas bajo la lógica utilitarista, todo es un 'para qué'. Para ser sintético, si uno pregunta por el ser de algo se responde por 'lo que hace', para 'lo que sirve'. Es decir, es el fin el que otorga el ser.

¿Quién no ha sufrido una desilusión? Detengámonos un momento a pensar qué es una des-ilusión. Por lo general, el proceso es el siguiente, uno esperaba A y no se ha dado. "A" presentaba las siguientes características: lo creíamos probable y lo considerábamos importante. "Importante" para nosotros, para el yo. Eso que uno considera de vital importancia es la materia de la des-ilusión cuando no se da.

Ahora bien, la pregunta interesante, cuando se da A, entonces ¿Estamos en la ilusión? ¿Cuál es 'la ilusión'? ¿Acaso hay una? Creo que sí. El rol de ilusionistas es la condena que nos legó la modernidad. Preguntémonos, en la ontología del fin, ¿Cuál es el fin del hombre?.... el silencio es sepulcral. No hay respuesta, lamentablemente, vivir sin una es un peso demasiado grande. Ante la ausencia de respuesta, debemos inventar, pero debemos hacerlo con suma pericia, debemos construir una mentira verdadera, una ilusión.


No te pienses sin sangre

Para ponerle un poco de color al asunto, se nos avisa, no nos pensemos sin sangre.
El pensamiento sin sentimiento ha demostrado ser desastroso. Justamente para salir de la codena de la razón, que devino en razón instrumental (la razón instrumental hermana de la ontología del fin), debemos recurrir a matizarla.

La sangre, eso que nos une como humanos, nos da la capacidad de compasión. Nos recuerda que en el yo, también hay un otro que juega un rol. Nos recuerda que es gracias a ese otro ser que uno encuentra el objeto del sentir. Es el objeto (ese 'no-yo') el que hace posible que exista el sentir. Y eso es sumamente real, la ilusión ya no es una tergiversación de la realidad. No estamos creando una ilusión sino un simulacro.

Un simulacro difiere de una ilusión en la materia, es decir, ambos son una mentira pero el simulacro en sus componentes es real. Son ontológicamente similares pero su entidad se constituye de manera opuesta. Mientras la ilusión parte de una mentira para configurar otra, el simulacro para de lo que hay para ser organizado de modo 'mentiroso'.

De ilusionista a resolver un puzle, la tarea, definitivamente va teniendo otro color.

No te juzgues sin tiempo

Es tan frecuente olvidar que, hoy uno es por lo que fue. Los ojos de hoy que miran al ayer con remordimiento, por lo general, se olvidan de pensar con sangre, con sentimiento, con la dimensión más humana de todas: el tiempo. Pensarse con tiempo es pensarse en la finitud. Y esta si bien puede parecer aterradora, tenemos fecha de caducidad, también atenúa la condena. Nos saca de ese lugar omnipotente de la razón, por si aún quedaba algo luego de haber sido matizada por el sentir.

No olvidemos que lo que fuimos ayer, fue lo que mejor pudimos hacer con lo que el mundo hizo de nosotros. No olvidemos que ese simulacro, ese intento de solución del puzle, lo vemos erróneo con el pasar del tiempo. Precisamente, el simulacro deja de ser tal, gana su status de ontológicamente verdadero, en la dinámica del tiempo.

No nos juzguemos sin tiempo, privándonos de pasar del simulacro al escenario de nuestras vidas.

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